Lo deseable y lo posible

El transporte, haciendo posibles nuestros encuentros, el intercambio de las mercancías y la prestación de los servicios, es el aparato circulatorio de la economía. El comercio, la distribución o la producción competitivos son imposibles sin una buena logística que los oxigene. La vida misma es imposible sin el transporte que da acceso a la sanidad, a la educación, al trabajo o al ocio. La movilidad eficiente es decisiva, tanto para la vida como para la competitividad.

El transporte ha estado siempre, por vocación, a la vanguardia de la innovación. Desde las calzadas romanas a las presentes autopistas hay un asombroso recorrido, como lo hay desde la diligencia a los más confortables autobuses de línea modernos. O desde los carros con tracción animal a los más sofisticados camiones actuales y sus prodigiosas mecánicas. O como también lo hay desde el coche de San Fernando, un ratito a pie y otro andando, a los actuales vehículos que además de escuchar también hablan.

La movilidad siempre ha estado cerca de la defensa del medio ambiente y del uso racional de los recursos naturales, así como atenta a las novedades técnicas más avanzadas, sea en el terreno de la seguridad, de los combustibles, de la digitalización, etc.  La movilidad se ha caracterizado además no solo por la innovación, sino por la disponibilidad.

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